
Houston.- Karina tiene vientitrés años y sabe que la carrera que ha elegido “es muy corta”, porque la mayoría de los bailarines de ballet marcan su retiro en su cuarta década de vida. Ella se enamoró de la danza a los siete años cuando, a fuerza de un capricho, su madre la tuvo que dejar audicionar en una escuela de ballet de Venezuela. En su camino, dejó el puesto de bailarina principal en Tulsa para ser solista en Houston, ciudad que la ha recibido con los brazos abiertos y donde se siente “como en casa” y encontró su idioma, su comida y parte de sus costumbres reflejadas en el diario vivir.
En una entrevista exclusiva con nuestro medio, la joven corre el velo de su vida y nos acerca a un arte que parece exclusivo para pocos, pero que en realidad es una forma de expresar sentimientos tan válida como la música, la pintura, la escultura o escritura.
¿Cuándo llegaste a radicarte en nuestra ciudad?
Llegué el 6 de junio para buscar apartamento cerca del estudio.
¿Cómo fue este cambio para ti?
Desde que comenzamos la temporada todo fue muy rápido. Aquí [en la Academia del Houston Ballet] se trabaja muchísimo, desde las diez de la mañana hasta las 6:45 de la tarde, estoy con las [zapatillas de] puntas todo el día. La compañía me ha recibido con los brazos abiertos. Los bailarines son excelentes y estoy súper contenta, porque me siento como en casa.
¿Qué has encontrado aquí que te recuerda a tu hogar?
Hace algunas semanas estuvo el evento de la independencia de Colombia y Venezuela y nos fuimos para allá a ver cómo era la cosa y me sentí como en casa. Eso es lo que hace la diferencia con Oklahoma: alrededor mío no conseguía gente latina. Me costó muchísimo: en la música, mi comida... no me sentía bien. Pero desde que llegué aquí estoy súper contenta, de verdad. La comida es espectacular. Otra cosa que me encanta es que tengo vuelo directo para Caracas, entonces no puedo esperar. ¡Ahora en diciembre tomo el vuelo directo a mi casita!
¿Qué te llamó la atención del Ballet de Houston?
Yo no estaba pensando en salirme de Tulsa. Tenía una posición muy buena (primera bailarina). Cuando [el director artístico del HB] Stanton Welch fue a montar una pieza allá, desde el primer momento me gustó su profesionalismo. Te dice todo en tu cara, ya sea que lo estés haciendo bien o mal. Desde el principio, la conexión estaba ahí. Luego me atreví a mandarle un video con mi audición (bailes y fotos). El me invitó a tomar clases en la compañía y luego me entregó el contrato.










